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AMAZONAS: EL IMPRESIONISMO PRIMITIVO DE JAIME ROMERO RIVADENEIRA

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El artista ecuatoriano, Jaime Romero Rivadeneira, en días pasados, presentó Amazonas, muestra pictórica conformada por cuadros.

El pasado 8 de octubre se llevó a cabo en el Museo Luis A. Noboa Naranjo, la exposición pictórica “Amazonas” del artista ecuatoriano, Jaime Romero Rivadeneira.

 

Este artista multifacético contó que sus inicios en el mundo del arte se dieron desde temprana edad. Rodeado del canto de las aves, del correr del agua y del verdor de los campos, un día decidió abandonar su natal San José de Minas para trasladarse a Quito y descubrir qué había más allá del dulce pueblo que lo vio crecer.

 

“Yo comencé a pintar más o menos a los catorce años, no conocía las grandes ciudades, yo vengo de campo y desde la primera vez que vi pintar en el centro de Quito, en el Centro de Promoción Artística me nació pintar y ya tengo 35 años pintando. Toda mi infancia maravillosa la viví en San José de Minas y un día de pronto estaba en el ruido de la ciudad, pero fue muy bueno porque ahí descubrí quién era”, expresó Romero.

 

Estudió en el Colegio Mejía y posteriormente en la Escuela de Arte de la Universidad Central. Se casó a los 18 años, acontecimiento que lo fortaleció “porque desde ese momento yo tenía que mantener una familia y tenía que vender los cuadros y eso me hizo mejorar”.

 

A los 19 años vendió su primer cuadro en dos mil sucres, “era un bodegón muy bonito, donde se veía la transparencia del agua”. Recuerda que cada día salía al Parque El Ejido en Quito, para exponer sus obras junto a ocho pintores más. Luego comenzó a participar en varios salones como el de Octubre y Julio, donde se adjudicó algunos premios, siendo ésta la escuela donde se formó. “Esa fue mi escuela, porque veníamos acá a luchar, a buscar técnicas, a ubicarme como artista”.

 

Con 35 años de trayectoria, Jaime Romero Rivadeneira ha pintado 450 pinturas al óleo de diferentes formatos, más de 2.000 dibujos, 60 acuarelas, 60 esculturas, entre otros.

 

“A través del tiempo he utilizado muchas técnicas y he aprendido de grandes maestros como: Roosevelt Cruz, Leonardo Tejada, Aníbal Villacís y Carlos Vicente Andrade; a nivel internacional he compartido experiencias con José Luis Cueva en México, Camilo Minero -uno de los grandes maestros de San Salvador-, quien me dijo: ‘saquemos el azul de la paleta’ y pintamos sin el azul, lo que fue una experiencia maravillosa”.

 

Alemania, España, Italia, Miami, Houston, Nueva York, Suiza, México, Guatemala, El Salvador, son algunos de los lugares donde sus obras han sido apreciadas incluyendo Ecuador.

 

Amazonas

Amazonas, es la muestra pictórica de 39 cuadros, que el artista expuso a inicios del mes de octubre en el Museo Luis A. Noboa Naranjo, en la ciudad de Guayaquil, en P. Icaza 302 y Gral. Córdova, Edif. Seguros Cóndor, primer piso.

 

La exhibición como su nombre lo indica, está relacionada al Amazonas y debido a la diversidad de formas, de colores y complejidad de su técnica, El Maestro ha realizado un trabajo investigativo de años, el mismo que al plasmarlo en el blanco lienzo, refleje su creatividad y sello personal, en obras a las que previamente ha invertido entre 40 a 50 horas hasta culminarlas por completo.

 

“Yo me he centrado en hacer esta obra que es completamente investigativa, única, original, con una técnica de un impresionismo primitivo… Estoy metido en la selva desde el 2010 y he pasado ocho meses recabando mucha información. Tuve más de 4.000 dibujos y 4.000 fotografías buscando lo que con los ojos no vemos. Fui al Amazonas a buscar estos cuadros. ¡El Amazonas es mi musa!”.

 

Su taller en la Ciudad del Volcán como también es conocida Baños de Agua Santa, ubicada en la Provincia de Tungurahua, es el lugar donde las ideas, la imaginación, el colorido, el sonido y la inspiración surgen. ¿Sonido? Claro, sus obras también tienen sonido, porque tienen el poder de transportar al espectador junto con las vibraciones que emite la naturaleza, a ese lugar único, majestuoso que se está admirando, envolviéndolo en el sentimiento que aparezca en el momento, que bien puede ser amor, furia u odio.

 

“La sinfonía del aire, la sinfonía de los pájaros, el ruido del río me ha parecido fabuloso. El ruido del viento que hermoso que es, al igual que la selva, su ruido, su bullicio, sus pájaros, sus monos. Usted cuando oye el sonido del riachuelo uno siente bañarse… Cada cuadro tiene un micrograma, es un poema corto de lo que yo veo en la obra”, enfatizó Jaime Romero.

 

Santiago quien estudia Derecho en la Universidad Central, es uno de los tres hijos del artista, que aquella noche lo acompañaba, allí expresó su admiración ante su padre a quien llama ‘El Maestro’. Contó que al crecer en medio del arte, toda su casa es como si fuera un museo llena de cuadros, en los cuales se puede apreciar el manejo del impresionismo, el realismo mágico, el abstraccionismo y demás tendencias artísticas en las que el amor, la fuerza, la dulzura y la agonía son protagonistas; así como también los mensajes ocultos que transmite en cada uno de sus cuadros.

 

“En sus obras encontramos romanticismo y el romanticismo no es sólo amor, también es odio, es ira, es fuerza y eso es un sentimiento; el romanticismo va en contra de la razón. En sus obras encontramos mensajes ocultos de demanda social, un llamado de atención para la humanidad para que despierte y se dé cuenta de lo que se está viviendo hoy en día, el consumismo, el materialismo, que nos da a destruir las cosas naturales de la riqueza que tenemos del regalo de Dios”, indicó Santiago.

 

Homenaje

De esta manera surgió ‘El Maestro’ Jaime Romero, un hombre orgulloso de sus raíces y que además transmite este sentimiento a los suyos.

 

El Maestro, quien es hijo de humildes agricultores, nos confesó que aquella noche del 8 de octubre, en que el color y la belleza de sus obras eran las protagonistas, tenía sentimientos encontrados, por un lado estaba la felicidad de contar con su padre y con su hijo admirando la exhibición en la que la vivacidad de los colores de sus cuadros se tomaron la galería de arte; y por otro, la tristeza y nostalgia de la ausencia terrenal -más no espiritual- de su madre quien falleciera días atrás.

 

“Mi padre (Pedro Romero) es con mucho orgullo agricultor, es un escultor de la tierra, tiene 92 años y me siento orgulloso de tenerlo en esta muestra. Mi madrecita con mucha pena murió a los 86 años hace quince días y esta exposición es un homenaje para ella”, finalizó.

 

(I)