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Nemonte Nenquimo: “La selva es nuestro hogar, nuestra farmacia, nuestro mercado, nuestro templo”

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La niñez de Nemonte Nenquimo, activista indígena waorani, se desarrolló en medio de la selva amazónica, junto a las plantas, a los animales. Ella acompañaba a su mamá a la chacra y a sus tíos que cantaban y contaban historias, su vida transcurría “feliz y libre”, entre la chacra y la pesca, cuenta en una entrevista con diario El Telégrafo.

Nemonte Nenquimo: “La selva es nuestro hogar, nuestra farmacia, nuestro mercado, nuestro templo”

Su comunidad, Nemponpare, está ubicada en la provincia de Pastaza, cerca a Arajuno. Está en las riberas del río Curaray, y es rica en recursos naturales, situada muy cerca de la selva. Allí viven ocho familias, como 20 personas en total.

Al momento de jugar, ella lo hacía con animales como las ardillas, monos chorongos y pavas que tenían domesticados; las plantas también eran sus amigas; no había un columpio o resbaladera, pero sí árboles de caimito donde se subía a coger la fruta que comía con los demás niños de su comuna, entre ellos sus primos, con quienes hablaba en lengua Wao Tededo, aunque ella también domina el español.

“Quién sube más rápido y quién coge más frutas”, ese era el reto de entonces. Claro está, como todo niño, no estaban libres de accidentes, pues muchas veces se caían de los árboles, pero eso quedaba como un secreto sigilosamente guardado para no meterse en problemas.

Vivir en medio de la naturaleza, de la selva amazónica, le permitió entender lo importante que son todos los seres humanos, especialmente “con los que habitamos en la selva”.

“Nosotros vivimos en la selva con libertad y tenemos todo lo que necesitamos; la selva es nuestro hogar, nuestro mercado, nuestra farmacia, nuestro templo. Es lo que nos da vida y nos hace lo que somos. Vivir en la selva es mirar las estrellas todas las noches, poder admirar el amanecer o el anochecer y escuchar los sonidos de los animales. Conectar espiritualmente con la naturaleza, es una conexión con los animales silvestres, respeto a esa conexión”, destaca Nemonte al describir su entorno.

Vivir en la selva -reitera- me permitió aprender a respetar a la madre tierra; el respeto nace viendo a los niños felices jugar y aprendiendo con libertad, respetando el agua, los animales, las plantas y los pensamientos de nuestros Pikenani (abuelos, sabios, guerreros), porque ellos nos guían y nos recuerdan la importancia de nuestro territorio.

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