La vida de Assange según los españoles que lo vigilaban

Por en abril 15, 2019

El asilado hacker australiano Julian Assange, su equipo de trabajo, el personal diplomático y el de seguridad tuvieron que convivir, para bien o para mal, 2.487 días en los 300 metros cuadrados que tiene la embajada de Ecuador en Londres. “Hizo de la embajada su refugio y cuartel general, pero también su casa”.

“Una convivencia a menudo tensa”, califica el diario EL PAÍS, de España, que presentó un informe con base en los testimonios de guardias de seguridad de una empresa ibérica encargados de proteger la delegación en su momento y quienes ‘soltaron la lengua’.

Gasfitero ‘importado’

Narra el impreso español un caso singular: “Un fontanero (gasfitero) tenía que viajar desde el pueblo valenciano (en España) donde vivía hasta Londres para reparar una avería… en el aseo del ciberactivista más buscado del mundo”. Para entonces Assange llevaba 4 años asilado allí.

“La factura de los cuatro días de reparación fue de 4.000 euros (4.527 dólares). Assange ya podía volver a dejar correr el agua de la ducha”, relata argumentando de que el daño lo hacía el inquilino “para entorpecer posibles escuchas, según recuerdan que les contaron los guardias”.

Y prosigue: “Este episodio revela hasta qué punto un incidente cotidiano se convierte en una complicación si afecta al huésped más incómodo del mundo”.

Cámaras incómodas

“En la embajada todo se llenó de cámaras, tanto hacia dentro como hacia fuera”, dice Txema Guijarro, el hoy diputado del partido político de izquierda Podemos, entonces asesor de Ecuador para gestionar “el problema diplomático que suponía tener en la legación al fundador de Wikileaks”, sostiene el rotativo. “Assange tenía siempre la obsesión de que esas imágenes podían ser hackeadas”.

“Poco después de llegar a la embajada en 2012, Assange empieza a desconfiar y le pide al personal diplomático que le permita trabajar con los equipos de grabación. Quiere averiguar quién lo molesta de madrugada desde la calle, arrojando pequeños objetos contra los cristales de las ventanas. El permiso se le concede, pero unos días después, cuando está usando el equipo, el guardia de seguridad de turno se lo impide. Discuten y forcejean. Es uno de los primeros desencuentros”.

Assange busca privacidad. “Se levanta tarde para trabajar en sus ordenadores y se acuesta bien entrada la madrugada; así no se cruza con el personal diplomático. Aunque no puede salir recibe cientos de visitas. Antes de cada una es necesario cursar una petición con dos días de antelación, que queda registrada”.

Estado Emocional

“La situación en la que está Assange no es fácil por su estado emocional. A lo largo de toda la trayectoria ha pasado por distintas etapas en las que podía estar más o menos de acuerdo con los procedimientos -de seguridad y vigilancia-”, afirma David Morales, el dueño de la empresa de vigilancia.

Deterioro físico y mental

No solo se deteriora su estado de ánimo, sino también sufre problemas físicos. Con el paso de los años arrastra los pies al andar y acusa problemas de visión debido al encierro.

“No fija bien la vista. El médico le recomienda mirar a lo lejos y la embajada le da otra habitación desde la que se ve la calle.

La misma que pisó por última vez el jueves pasado. Así se acabaron 2.487 días de ires y venires… (I)

Fuente: https://www.expreso.ec/actualidad/la-vida-de-assange-en-la-embaja-BX2761517